viernes, 8 de mayo de 2015

Trenes

Éramos pobres, no pobres extremos, pero si pobres.
Teníamos techo, alquilado, teníamos abrigo y casi nunca falto la comida, pero ser laburante a fines de los 70 principios de los 80 era estar condenado a subsistir.
La famosa teoría del derrame es solo eso, una teoría, la acumulación de la riqueza por parte de las clases dominantes no tenía freno, era, y sigue siendo,  una adicción.
Cuando aparecía alguna changa, o se habilitaban horas extras en el empleo, se podía generar un ingreso extra, y ahí darse algún lujo, jamás unas vacaciones, ni sueñen con un auto, el lujo consistía en ir a comer pizza un sábado a la noche, ponerse la mejor pilcha y salir.
De todas formas nunca pudieron robarnos la alegría, tampoco pudieron quitarnos los sueños, a muchos les robaron familiares, a otros lo más preciado, la vida, pero a pesar de tanta presión no lo lograron.
Mi primer recuerdo del peronismo viene de aquellos días, cuando algún sábado a la mañana mi viejo me despertaba temprano y me decía “Vamos a Capital”, tomábamos el tren en la Estación Quilmes, luego el subte hasta Lavalle y ahí el compraba algún elemento para su hobbie de la época, el aeromodelismo, y a mí un auto de colección, que luego cuidaba como un tesoro.
Al volver, comíamos de parado un porción de pizza con una Coca en Constitución y tomábamos el tren para regresar a casa. Mi viejo con orgullo me decía “Ves estos trenes, los trajo Perón hace como 30 años”
Hoy leo que en junio van a reemplazar los trenes de la línea Roca, y no dejo de recordar esos días, Dios no permita que mi hija en 30 años le diga a mi nieta “Ves estos trenes, los trajo Cristina”.



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